Yo, como todo el mundo con mi edad (poco más o menos), tengo ocupaciones serias y sesudas, obligaciones pestilentes y razonables, y un sinfín de penurias adultas y de taras adquiridas con el paso de los años. No obstante, no me olvido de mirar hacia atrás -como dice la canción-, y recuerdo esos entretenimientos y entusiasmos infantiles y juveniles con nostalgia y mucho cariño. Y ciertamente, me gustaría compartir tales maravillas con el resto de la humanidad: pensamientos, autores favoritos, proyectos de juegos, enlaces interesantes, anécdotas... En cierto modo, este será mi rinconcito de juegos, en el que descanse y haga descansar a los demás. Será divertido, ya lo veréis ;D
Por otra parte, está fuera de toda duda que tales distracciones, juegos y aficiones son los hijos de una época: los años ochenta; una década -siempre lo digo-, en la que valió la pena dedicarse a ser simplemente un niño. Tantas pelis, series y programas de televisión, juguetes, libros, etc., surgirían en un espacio irrepetible de florecimiento imaginativo y asombro... Quedan para el recuerdo y para el salón de la fama aquellos juegos de mesa fantásticos y exquisitamente elaborados de la Games Workshop y MB (ya sabéis, Heroquest, Cruzada Estelar, Battle Masters, etc.), esas series hoy consideradas de culto (los Caballeros del Zodiaco, Dragon Ball, He-Man...), esos videojuegos y consolas entrañables (la Game Boy, la Mega Drive, etc.), y esos juguetes que tanto nos estimularon y ayudaron a desarrollar nuestras capacidades creativas (ya sabéis, los Playmobil, los Lego, etc.). Tantas y tantas cosas que no sabría ni cómo ni por dónde empezar. ¿Recordáis aqueños libros acojonantes bajo el rótulo de "Elige tu propia aventura"?, o bien aquellos soldaditos de plástico que comprábamos en cualquier kiosko, o de los cromos de la Pandilla Basura, o de los álbumes dedicados a las pelis de terror.
En fin, cualquier inolvidable sesión matinal viendo Mofli, el último koala o aguardando con taquicardia la llegada de los Reyes Magos, resume bien el sentimiento que me invade cuando recuerdo mi infancia. No obstante, que no se me malinterprete: este blog no pretende ser simplemente un homenaje nostálgico a la ochentera infancia o un guiño a la población treintañera; de hecho, ése es simplemente el punto de partida para explicar el cómo y el porqué somos como somos y estamos donde estamos. Por qué nos gustan estas cosas y a quiénes se lo debemos. Frivolidades, sí, pero benditas frivolidades que nos hacen soñar y hacer volar nuestra imaginación.
Este blog, además, será principalmente un rincón de juegos: de los juegos de rol de los de antes (dados y papelitos), y de abandoneware, así como de las películas habitualmente integradas en los géneros de fantasía y de ciencia ficción. Desde luego, lo que no tendrá cabida aquí serán los discursos gruesos y las rigurosidades. Se tratará, de hecho, de todo lo contrario: de distraer, entretener y de proponer juego. De aparcar, aunque sólo sea por unos momentos, nuestras vidas adultas y aburguesadas, dedicándonos no a ser niños de nuevo (eso es innecesario e imposible), sino sencillamente a reposar en nuestros recuerdos y a jugar. E insignes varones como Heráclito, Platón o Séneca nos apoyarían en esta tarea, porque quizás sea esta la única manera de no caer en la locura y en la aridez a la que muchas veces nos precipita la propia vida.
¿Me acompañáis?